Nota: Soledad Aquino, Pasante del Área de Comunicación de Amnistía Internacional Paraguay

 

“Siempre fui discriminada desde chica, me dejaban de lado por que venía de una familia muy humilde y cristiana evangélica”.

Ella es Tania (seudónimo), es de San Ignacio, Misiones. Tania nos cuenta una experiencia vivida en su infancia y que hasta el día de hoy lo recuerda con nitidez.

Tania nació dentro de una familia de cristianos evangélicos, desde muy corta edad fue notando que a muchas personas no les gustaba esta religión. Sin embargo, ella recibía educación evangélica y estaba muy relacionada con la palabra de Dios. En su aula de clases ella era la única niña que pertenecía a esta congregación, motivo por el cual, sus compañeros y sus profesoras la trataban mal.

“Mis compañeros se burlaban de mí, me decían cosas como aleluya, vamos pues a la iglesia, ahí viene la evangélica, y yo me sentía muy triste y en otras ocasiones, sabía que me iban a tratar mal entonces ya me mentalizaba eso”.

Tania, incluso recibía maltrato verbal y físico por parte de sus profesoras.

“Hasta las profesoras me trataban mal, me decían cosas, me pegaban con la regla por la mano, me tiraban los cuadernos, ellas no me querían y encontraban lugar y ocasión para burlarse de mí”.

Si bien Tania habló sobre éste tema con sus padres, y ellos fueron a conversar con la profesora de turno, el acoso escolar no paró. Ella seguía recibiendo el mismo trato.

“Cuando las burlas eran muy fuertes, al día siguiente ya no quería irme a la escuela”

Hoy Tania esta casada y tiene un hijo pequeño, ella nos comparte su experiencia para que tanto padres como profesores puedan ayudar a que ésta historia no se vuelva a repetir con otros niños.

“No fue fácil superar esa época, yo era muy buena y no sabía cómo defenderme, ahora ya no me callo ante nada ni nadie. Pero creo que nadie tendría que pasar por algo así en su infancia”. Concluye Tania.