Por: Alvaro Gimenez Kropf  |

Ocurrió en semana santa, participe nuevamente como voluntario en una construcción de TECHO, esta vez me toco trabajar en un asentamiento de la ciudad de Capiatá denominado “Sueño y Esperanza”, un nombre que expresa demasiada sensatez, porque hace gala de los fuertes deseos de superación que poseen los 1.200 pobladores que habitan allí.

Era jueves santo y el sol quemaba con devoción, mi rol como voluntario consistía en ser “Monitor” supervisar la construcción para 4 familias que vivían en el fondo de Sueño y Esperanza, coincidentemente los cuatro lotes se encontraban a la vera de una pequeña laguna. En mis sucesivas recorridas me vi obligado a permanecer mucho tiempo en el lote de Ña Lucy, una simpática señora que no paraba de hacer reír a toda su cuadrilla. Durante mi corta estadía ayudando en pequeños detalles, hubo algo que me genero una fuerte impresión, a pesar que en esa cuadrilla había un sinnúmero de niños que ayudaban en la construcción (algunos eran hijos de Ña Lucy y algunos otros eran vecinos) había un joven que no paraba de cebarme el Tereré, en cada movimiento que hacia, ahí estaba el joven a mi lado, presto a darme un mate. De tantos mates que me sebo, en un momento le mire fijo a los ojos y le pregunte cual era su nombre, el joven dijo con firmeza “Mi nombre es Julio”.

Con la bendita puesta del sol el primer día de trabajo termino y era momento de que todos los voluntarios vuelvan a la escuela pública “Club de Leones”, allí nos quedaríamos a dormir con el fin de volver el día siguiente bien temprano para completar la segunda parte de la construcción e inaugurar 9 viviendas más.
El viernes santo nos recibió con un cielo totalmente despejado y en un sublime instante ocurrió un acto de coronación al mismísimo sol, consolidándolo como amo y rey del calor. Al llegar a la zona de trabajo, me quede primero en la casa de Ña Lucy para ayudar a levantar las pesadas paredes, Lucy y el joven Julio nos recibieron y empezamos a trabajar. En un momento le pedí a Julio que sostenga una de las paredes mientras yo iba a buscar unos clavos, al volver me detuve a mirar sus manos. Julio se encontraba atajando la pared con una sola mano, la otra la tenía en posición de descanso, mire MEJOR y note que tenía la mano izquierda como atrofiada o golpeada. Durante toda la siesta cada cierto tiempo le miraba de reojo a Julio cada vez que pasaba alguna herramienta o sujetaba alguna cosa, en ningún momento usaba su mano izquierda. En ese momento pude confirmar que él sufría de una discapacidad, me sorprendió el hecho de no haberme dado cuenta antes de aquella anormalidad, ya que el día anterior me había servido una infinidad de mates de tereré (todas la veces fueron con su mano derecha).

Transcurrieron las horas y se hizo de noche, luego de mucho trabajo me sentí cansado y decidí sentarme en medio del camino mirando de frente dos nuevas viviendas, una de las casas ya estaba terminada, la familia y los voluntarios se encontraban adentro en proceso de inauguración. La otra vivienda era la de Ña Lucy, a causa de imprevistos la construcción estaba retrasada y faltaba aun colocar la estructura del techo y posteriormente las chapas de zinc.

De golpe me di cuenta que Julio se encontraba a mi lado, sentado en la misma posición mirando el mismo escenario. Baje la vista para ver su mano y me vino un fuerte impulso de saber la verdad. Le pregunte a Julio que le había pasado en la mano y el me contesto: “No me acuerdo bien, cuando era chico y estaba en la guardería me golpearon muy fuerte en la mano, recuerdo que me dolió muchísimo, tengo pequeñas impresiones, realmente no me acuerdo bien quien fue ni como fue”.

Julio había despertado en mí una curiosidad demasiado fuerte, no sabia bien que era. Fue entonces que me vino un segundo impulso, le pedí que me de su mano atrofiada y comencé a masajearle lentamente con mis dos manos (una semana antes una amiga me había hecho ese masaje y me impresiono la relajación que se concebía al masajear con las yemas de los dedos las palmas de las manos, jamás me di cuenta de la tensión que existía en esa parte del cuerpo y resultado era muy liberador). Pasaron los minutos y Julio me decía por momentos que se sentía “Muy bien”, que “Sentía más su mano”, “Que sentía como un calor”. Al terminar el masaje me agradeció y nos quedamos en silencio. Mientras mirábamos la construcción de su casa, sentí unas ganas profundas de hablarle a Julio desde el corazón, su historia me parecía familiar, entonces arremetí con un discurso que buscaba ser motivador, explicándole que esa limitación no le impedía cumplir sus sueños. Ese pobre discurso no sirvió de nada, porque era Julio quien me daría el discurso más fuerte que tuve en mi vida.

Arranco diciéndome “Yo se muy bien que los limites se pone uno mismo” “Yo desde de niño siempre fui discriminado, todo el mundo me veía diferente” “Mi mama me decía que me quede en casa, me decía todo el tiempo que yo no podía jugar con los otros niños, que tenia que estudiar nomas”, “Yo quería salir a jugar, quería socializar”, “Pase mucho tiempo entre cuatro paredes estudiando”, “Yo no le quiero culpar, pero mi con mi Mama no me sentía cómodo”, “Yo se que ante todo esta el PERDÓN, yo le perdono y espero que ella también me perdone ” “Pero era ella la primera que me ponía condiciones, que me ponía limites”. “Y un amor verdadero no te pone limites, no te pone condiciones”.

Mientras Julio hablaba se me escapaban las lagrimas, algo me dolía demasiado, quería que Julio se calle, sentía que me hacia daño. Julio había tocado algo dentro de mí que había olvidado hace tiempo y que no quería recordar. Pero debía de hacerlo, ese momento no olvidare jamás porque fue un acto de curación. A medida que Julio hablaba, en mi mente se reproducían imágenes de mi niñez, me temblaba el abdomen y las lagrimas no paraban de salir.

Desde niño soy tartamudo, y me sentía demasiado identificado con los miedos que tenia Julio, yo también sufría de esa discriminación y de burlas por parte de otros niños de mi edad. Por un momento pensé como habría sido mi avance con el tratamiento de la tartamudez si hubiera sido pobre, si hubiese vivido en un asentamiento y si viviese en otras condiciones económicas.

Julio hablaba con tanta convicción que casi estaba gritando y no podía creer como un joven de 17 años hablase de esa manera. “Alvaro en el mundo existe mucha discriminación, te discriminan por tu apariencia, te discriminan porque sos pobre, te discriminan por como te vestís, te discriminan porque vivís en el suburbio, te discriminan porque no tuviste educación”, “Hay mucho clasismo en la sociedad, ojala que eso se termine alguna vez” “MI SUEÑO es que un día la discriminación en el mundo SE TERMINE y nos podamos unir todos como una gran familia”.

En medio de la oscuridad su piel resplandecía por un bronceado de luna y en su mirada habitaba la visión más hermosa, “Un mundo sin discriminación”. Yo no tenia dudas, el sueño de Julio también era el mío y yo estaba dispuesto a seguirlo.

Julio era implacable y me estaban dando una de cátedra GRATUITA. Yo era alumno de una enseñanza de HUMANIDAD, decía: “Leí muchos libros acerca de mi problema en la mano, y se que puedo curarme. La tía de una profesora es medica cirujana y están viendo para conseguirme una cirugía gratis para curarme”. “Yo se muy bien que la primera discriminación es la que se pone uno mismo”, ”Yo hace 1 año que no vivo con mi mamá, decidí mudarme con mi papa porque ya no aguantaba vivir con ella, Ña Lucy es mi madrastra, me siento cómodo viviendo con ella”, “Yo lo único que le pido a mi mama es que CONFÍE EN MI” “Yo le puedo demostrar que esto que tengo NO ME LIMITA” “QUE YO PUEDO SER IGUAL A LOS DEMÁS” “NO VOY A PONERME LIMITES” “Yo también quiero ser voluntario, quiero dar mi granito de arena así como ustedes pusieron al construir mi nueva casa” “Estoy demasiado feliz porque en varios momentos tuvimos que levantar de cero nuestra casa porque literalmente con las tormentas 3 veces perdimos todo” “Yo me anime a preguntar a la Jefa Paula si podía anotarme como voluntario, y me dijo que si pero que debería ir a las construcciones con voluntarios secundarios de los colegios porque tengo 17 años recién”.

El respiro profundo, se levanto y volvió al lugar de la construcción, mis lagrimas dejaron de salir y como en una cirugía Julio cerro una vieja herida mía. Algunos voluntarios se encontraban adentro de la nueva vivienda adornado y barriendo para la pronta inauguración. Arriba en el techo se encontraba otro grupo colocando la última chapa y ajustando detalles.

Cuando por fin se termino la construcción y estaban inaugurando decidí levantarme para poder mirar la ceremonia por el huequito de la ventana, adentro se encontraban los voluntarios de la cuadrilla y la familia completa de Julio, fue acto muy conmovedor gracias a las palabras de Ña Lucy y Ramón (el papa de Julio). Al terminar se agruparon para que alguien les saque una foto, al salir disparado el flash algo que vi me dolió. Me incomodo tanto aquella imagen que me quede dando vueltas alrededor de la casa, luego me senté nuevamente esperando que salgan los voluntarios para poder despedirme a solas de Julio y su familia.

Pasaron unos cuantos minutos hasta que la cuadrilla abandono el hogar. Ña Lucy, Ramón y Julio empezaron a subir la heladera y una cama a la nueva vivienda, muchas de sus pertenencias se encontraban a la intemperie ya que ellos habían desarmado su vivienda anterior. Junte coraje y entre al lote para despedirme, les agradecí por lo bien que me hicieron pasar esos 2 días a pesar que no conocía muy bien a Ña Lucy y a Ramón. Les pedí a ellos que confiaran en Julio, que para mí el era un diamante en bruto. Por ultimo le pedí a Julio que me prometa una cosa, al aceptar le pedí que nunca más vuelva a esconder su mano cuando alguien le sacase una foto. Julio rompió en llanto y me prometió que nunca mas lo haría, intente abrazarle fuerte pero fue Julio quien me abrazo profundo.

Despojándome de sentimientos le dije que lo tenia en su mano era una porquería y que no había cosa que él no pueda hacer, que siga estudiando, que siga confiando en si mismo, soñando grande y por ultimo le prometí que nos volveríamos a ver pronto.

Y así fue, tres días después me acorde que había una construcción de secundarios el fin de semana siguiente. No dude en llamarle a Julio para proponerle que participe de esa construcción, el acepto sin dudar y el viernes un voluntario fue a buscarle del asentamiento Sueño y Esperanza para llevarlo hasta la avenida acceso sur y madame lynch donde lo recogió el bus que llevaba a otros 50 voluntarios secundarios de diferentes colegios a la construcción en la ciudad de Villeta.

Me comprometí con Ña Lucy en que yo le buscaría a Julio el domingo al terminar la actividad y lo llevaría sano y salvo hasta “Sueño y Esperanza”. Ese domingo llegue al asentamiento de Villeta antes que oscurezca y me senté afuera para mirar la construcción donde se encontraba trabajando Julio. Pasaron dos horas y se termino la vivienda, cuando inicio la ceremonia de inauguración entre al lugar para sacar una foto al momento y a Julio, esta vez al disparar el flash algo que vi me conmovió profundamente.

Cuando todos ingresaron a la nueva vivienda fue grande mi sorpresa al enterarme que la señora de la casa a quien Julio le construyo era sordomuda, ella se llama Griselda y en sus ojos se podía leer cuan emocionada estaba, el esposo dio unas cuantas palabras de agradecimiento mientras Griselda aplaudía y abrazaba con un derroche de autenticidad, Julio se despidió y salimos del asentamiento para ir hasta mi auto.

Al subirnos a mi auto no logre arrancar el motor, se había descompuesto el alternador que recargaba la batería. Un grupo de voluntarios nos ayudo a empujar pero no resulto, el camino era arenoso y mi auto era muy pesado, es un Volvo del año 1990. Finalmente nos estiraron con una camioneta y logramos arrancar. Emprendimos el retorno, el camino estaba oscuro, no veía nada y el volvo alumbraba poco debido a la batería descargada. Nada de eso importaba porque adentro Julio me empezó a contar su experiencia de esos dos días de trabajo. Esta vez no iba a desaprovechar la ocasión y decidí grabar la conversación con el fin de compartir con los demás. Estaba convencido de que aquellas palabras tenían que ser escuchadas por todos y que no quedasen solamente para mí, por lo que comparto adjunto a esta historia un fragmento de la conversación que dura 16 minutos. Donde pueden ser testigos de la hermosura que posee el alma de Julio Bogarín.

Decidí compartir esta historia porque Julio es un líder y el aún no lo sabe. El representa el camino de un sueño de superación y voluntad para miles de adolescentes y jóvenes de nuestro querido Paraguay. Su historia nos invita a confiar en uno mismo y a la vez a confiar en los demás porque ni julio ni TECHO ni otras asociaciones civiles no van a parar hasta desnudar el potencial de toda la sociedad. Porque reconocemos que a nuestro gran bono demográfico de jóvenes les sobra el alma y las ganas para construir el Paraguay que sueñan y nada ni nadie debería sacarles jamas esa capacidad.

Gracias Julio por recordarnos que con Valor y Convicción se construye Unión e Igualdad como reza nuestra bandera tricolor. Gracias por motivarnos para no perder las esperanzas de co-crear todos juntos un Mundo sin discriminación, que de seguro no es una tarea fácil, pero como vos mismo lo decís:

“El cuerpo se puede cansar pero el alma jamás”