“La violencia sexual y doméstica es facilitada por el silencio de la sociedad”

Por Sandra Taboada, pasante del área de Comunicación de Amnistía Internacional Paraguay |

En noviembre de este año representantes de Casa Mandarina visitaron Paraguay. Se trata de una organización de Ciudad de México que trabaja temas de empoderamiento comunitario como la no violencia y la justicia social. Sus integrantes llegaron al país en el marco de un taller vivencial en la oficina de Amnistía Internacional.

El taller se denominó “Monumento de las Historias, haciendo visible la violencia sexual”, y fue dictado por Mora Fernández, fundadora de Casa Mandarina, defensora y activista de las sobrevivientes de violencia doméstica, y dirigente de la coalición Project Envisión de la ciudad de New York; y por María del Mar Águila, directora del programa “Violencia sexual y violencia doméstica”, quien forma parte de la red de psicólogas de la institución. Ambas personas llevan casos de sobrevivientes de violación sexual de niños/as, adolescentes, y adultos/as.

Casa Mandarina trabaja desde el año 2000 con proyectos a nivel local e internacional, además de coordinar tareas con diferentes sectores de la sociedad como comunidades indígenas, migrantes y habitantes de las favelas.

Mora Fernández comenta que un tema común en los diferentes lugares que trabajaron era la violencia sexual y doméstica. “Desde el 2010 hemos decidido enfocarnos más en ese tema porque es el más invisibilizado. Siempre trabajamos en temas de derechos humanos pero nunca se suele hablar del tema. Se habla de empodereamiento de la mujer y violencia de género, pero de abuso sexual no, y hay que hacerlo visible”.

La fundadora de la institución aclara que la violencia sexual y doméstica es un tema transversal, pasa en todos los ámbitos y sectores de la sociedad. Refiere que a raíz de las cifras es un tema que debe ser abordado por sí mismo, teniendo en cuenta que un 30% de niños y niñas que son abusados sexualmente, mientras que los números apuntan que en personas adultas 1 de cada 3 mujeres son violentadas por sus maridos.

“Te creemos, no es tu culpa y no estás solo/a”

Mar Águila, directora del programa “Violencia sexual y doméstica” habló del tratamiento que brinda la organización para los sobrevientes de violencia sexual. “Parte de nuestro trabajo es escuchar a alguien, sin empezar a cuestionar o dudar que están mintiendo, ofrecerles un espacio donde puedan decir sus experiencias y realidad, sin ser juzgadas, lastimadas o revictimizadas”.

Subraya que los/as sobrevivientes pueden decidir sobre su proceso terapéutico. No solo existe la terapia narrativa, sino que dentro de las terapias psicológicas también hay varias maneras de realizar procesos de sanación. Apelan a difrentes estrategias que son utilizadas en otros espacios para enfrentar el trauma y poder ofrecer en México distintas opciones para sanar.

Agrega que cuando las personas son víctimas de abuso sexual, sienten como si perdieran el control de su vida. Por ello, desde la institución brindan acompañamiento y apoyo para que la persona pueda decidir por si misma sobre su vida.

Por su parte, Mora Fernández enfatiza la visión del movimiento en tres frases “Te creemos, no es tu culpa y no estás sola/o, no importa lo que haya pasado, no importa lo que hayas hecho, el «no estas solo/a» significa que te vamos a acompañar. Acompañamos desde la terapia y la parte legal hasta en lo referente a la familia, porque no es un problema que afecta solo a la persona víctima de violencia sexual, sino a toda la familia y a la comunidad”.

Afirma que el Estado es el reflejo de lo que sucede a nivel social y cultural. La violencia sexual y doméstica es facilitada por el silencio de la sociedad, la sociedad por si misma la ocasiona y facilita. Hay una tolerancia poltica y social al tema.

“La violencia sexual pasa de generación en generación y esto tiene que ver con el silencio que se ha perpetuado, y con una cultura sexista. En México la llamamos «cultura machista» y en Estados Unidos es nombrada «cultura de violación», la cual mantiene estas normas sociales que justifican y perpetuan la violencia sexual. Entonces, la idea que pase de generación en generación tiene que ver con el silencio que el mundo crea al no querer saber que esto existe”, explica Mora.

En Paraguay, la niña Mainumby atrajo las miradas del mundo al país, por ser uno de los casos de abuso sexual infantil. Como activista y defensora de los derechos de los sobrevivientes de violencia sexual, Mora comenta sobre el tema: “La niña no tuvo voz aquí. En el momento en que la niña se convierte en madre la convierte en adulta. El embarazo fue solo una consecuencia más de la violencia sexual que vivía. La niña sufrió violencia sexual infantil, y eso es una muestra más de cómo se invisibiliza, porque al final la prensa y el Estado se centraron en el embarazo forzado. La pregunta sería qué está haciendo mal el Estado para que una niña de 10 años pueda ser violada, eso también es violencia institucional”.

Discriminación como forma de opresión

Las representantes de Casa Mandarina explicaron que aunque trabajan en temas de violencia sexual y doméstica en particular, no pueden hablar del tema sin referirse a todas las formas de discriminación y opresión. Resaltaron que una de las formas de prevenir la violencia es acabando con la discriminación y enfatizan que la discriminación “es una forma de opresión, de quien tiene el poder y como lo ejecuta”.

“La violencia sexual es una epidemia silenciosa a nivel mundial. Hay países donde tal vez tienen diferentes características. Cuando hablas de violencia sexual tienes que hablar también de todas las demás formas de violencia y opresión, como el clasismo, el sexismo, la homofobia, que son formas de discriminación”.

Agrega que en Latinoamérica hay muy buenas leyes pero no se implementan. “No es una cuestión de cambiar las leyes, es una cuestión de cambiar las normas sociales y los prejuicios que perpetuan la violencia sexual, y un poco de esos prejuicios tienen que ver con la discriminación”, comentan Fernández y Águila.

En México existe la Comisión Nacional de la Prevención contra la Discriminación, mientras que el estudio de la ley contra todo tipo de discriminación se inició en el 2001 y se aprobó en el 2003.

Para la psicóloga de la organización, Mar Águila, una ley contra todo tipo discriminación es necesaria, ya que se tendría un referente respecto a esta problemática. “Pienso que el hecho de que aún no exista en Paraguay, es también otra forma de visibilizar que se está discriminando Es como decir: «sí, estamos discrminanado pero no queremos una ley que nos diga que no podemos hacerlo»”.

En este sentido, la directora Mora Fernández, aclara que contar con una ley no nesariamente significara que las personas dejen de discriminar. “Es un proceso, es una cuestión cultural y probablamente no cambiará mucho la situación. Pero con el tiempo, en unos años, habrá una nueva generación de niños que vivirán en un contexto donde regirá una Ley contra toda forma de discriminación, y en las escuelas se hablará de eso, y luego paulatinamente se empezarán a ver los cambios sociales”, vaticina.

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