Por: Sandra Taboada, pasante voluntaria de Amnistía Internacional Paraguay |

Cada vez es más frecuente, las expresiones de violencia y discriminación en el sector educativo, donde los niños, las niñas y los adolescentes son excluidos por su condición sexual, cultural o socio económicas, por ello la comunidad educativa conjuntamente con organizaciones de derechos humanos, están enfrentando la resolución de esta problemática, con talleres y cursos dirigidos a docentes con enfoque en derechos humanos. Ramón Corvalán, de la organización Serpajpy nos comenta al  respecto.

Ramón Corvalán es parte del equipo de educación de la organización  Servicio Paz y Justicia Paraguay (SerpajPy), institución donde se realizan talleres y materiales didácticos sobre derechos humanos, cultura de paz y memoria histórica. Además, es el encargado de  redactar el capítulo sobre derechos humanos que se publica en el informe anual de la Coordinadora de Derechos Humanos del Paraguay (CODEHUPY). Él nos aclara en qué consiste la educación en derechos humanos y cómo capacitan a los docentes sobre una educación sin discriminación en las aulas.

Serpaj Paraguay es una organización que cumplió 25 años en nuestro país, entre sus fines está la defensa de los derechos humanos. Trabaja por una cultura de paz basada en la justicia, y es reconocida por la desmilitarización y el trabajo de objeción de conciencia.

Enseñanza sin discriminación

El educador comenta que desde el año 2009 el SerpajPy empieza a acompañar al Ministerio de Educación y Cultura (MEC), creándose para su tarea la Dirección de Derechos Humanos. La institución asumió la tarea de la elaboración e implementación de educación en derechos humanos, que hasta entonces era una deuda del Estado con el pueblo paraguayo.

El SerpajPy y el MEC, alineados con el Plan Nacional de derechos humanos, realizan actividades de formación en derechos humanos con los directores y la directoras de departamentos del Ministerio. Actualmente, ya desarrollaron dos seminarios internacionales dentro del Plan, puntualizando en temas sobre la sexualidad y los derechos vinculados a ella.

“Cuando ocurre la discriminación hay una serie de derechos constitucionales que son violados. Estamos en una sociedad que, en su generalidad, tiene problemas serios con lo diferente. Se califica por diferente a alguien por su condición social, étnica, lingüística u opción sexual, entre otros motivos. Pero no todos esos rasgos tienen el mismo peso, es decir, hay mayor potencial de discriminación, agresividad y violencia cuando es por identidad sexual, en cuyo caso la agresión social suele ser mayor”, indica Corvalán.

Corvalán recalca que no existe un marco legal que proteja a las personas discriminadas, cuando lo más básico que debería hacer un Estado es establecer una normativa para la protección de los derechos. Y aunque la ley no siempre garantiza el respeto de los derechos, visibilizaría la discriminación que sufren las víctimas. En este sentido, la legislación será un primer nivel de reconocimiento por parte del Estado, convirtiéndose en una herramienta institucional útil para luchar contra este flagelo.

No obstante, existe un marco jurídico para el derecho al aprendizaje, y aparece en el artículo 74 de la Constitución Nacional, por el cual se “garantizan el derecho de aprender y la igualdad de oportunidades al acceso de los beneficios de la cultura humanística, de la ciencia y la tecnología, sin discriminación alguna”.

Experiencias de inclusión en las escuelas

Ramón Corvalán manifiesta además que ya hay instituciones educativas que han desarrollado un proceso de experiencia de inclusión en las aulas, pero el sistema educativo aún no funciona de esa manera. La agenda educativa 2015-2018 contempla como objetivo primordial mejorar el rendimiento académico, promoviendo competencias, problemas de matemáticas, escritura o ciencias, pero no hay en el programa una educación con enfoque en derechos humanos.

“Cuando afrontamos una situación de opción sexual diferente en las aulas, he allí la dificultad. Si la escuela adopta principios democráticos con enfoque en derechos humanos, es muy probable que haya fricciones con las familias, y normalmente no todos tienen esos principios, por lo que hay que saber cómo afrontarlos”, dice Corvalán.

Asimismo, el educador afirma que para enfrentar la discriminación en las aulas, el proceso de formación docente también debe cambiar. “Tienen que ser procesos que permitan vivir experiencias a tal punto que los docentes puedan mirar sus limitaciones y actos discriminatorios propios, porque esto no sólo se transforma en una habilidad cognitiva, sino también en una herramienta de trabajo. El docente debe estar informado, saber en qué consiste la discriminación, porque debe gestionar y resolver situaciones de convivencia”, apunta.

Por último, detalla que en los talleres que dirige, se plantean las mencionadas situaciones, combinadas con información, ya que siempre se cree “que los docentes tienen una responsabilidad, de estar actualizados y ser sólidos en términos de conocimientos. El área de educación está en proceso de cambio cultural profundo, y debe saber vivir situaciones que lo confronten con lo diverso”.